El Verde – Capítulo 2

A Luz la habitan los recuerdos, se despierta a las 8:00 am desayuna y se detiene en el café, Aurora preparaba el mejor café de la mañana.

— No sé qué haces pero siempre te queda tan delicioso el café de la mañana

—  Porque te lo hago con amor Luz, con mucho amor

Le decía Aurora a Luz mientras se terminaba de maquillar. Los domingos era natural que ambas fueran al rastro, un pequeño mercadillo en el centro, disfrutaban enormemente comprar ropa o alguna cosa para la casa, hablar con la gente y luego sentarse en alguna terraza cerca y disfrutar de una cañita con las amigas, la felicidad tenía un sabor a domingo tranquilo, a mercadillo, a cañita.

Aurora y Luz se conocieron hace ya más de 20 años, el amor surgió tan rápido que las mariposas no volaron, se quedaron a vivir en el jardín que ambas fueron sembrando con pequeños gestos. Ambas trabajaban en el correo y no tardó el deseo en aparecer. Aurora llegaba nueva y Luz venía a entrenarla y ahí se quedaron enviándose besos a cada rato y conversando de todo, de grillos, de bosques, de correos, de partidos políticos. Aurora y Luz congeniaron tanto como sus nombres, una relación sólida basada en la empatía más pura, eran muchas veces blanco de la envidia de todas las que querían encontrar el amor. Aurora y Luz eran un equipo, amigas, amantes, cómplices, compinches, familia, Aurora era más sociable y despierta que Luz, sin embargo en Luz reposaba la labor de darle serenidad a la relación. Cuando Aurora se ofuscaba ahí estaba luz para devolverla a la calma, las flores de la casa crecían porque Aurora las regaba, agua que en ocasiones llegaba hasta las flores de Teresa porque en el balcón de Abril no habían flores, así que Teresa y Aurora compartían el festín del regado. Teresa tampoco entiende por qué se marchó, Teresa era amiga de ambas y jamás entendió que Aurora y Luz pudiesen separarse ¿qué paso? ¿por qué se fue? todo el edificio guarda esa pregunta, es una pregunta que rebota en el ascensor, por las paredes de los apartamentos y se le devuelve cada mañana en el café a luz.

El sábado le ha tocado a Teresa el amor. Antonieta decidió quedarse hasta el domingo, cenaron sexo oral y una pizza con vino, vieron una película o mejor dicho Antonieta miraba la película y Teresa miraba Antonieta, a veces el amor es en fila. Pero esta vez no quiso decir nada, no quiso protestar una vez más por el amor a medias que ofrece Antonieta, más bien se dejó en sus brazos, se quedó a vivir allí hasta que amaneció.

— ¿Qué haces regando matas a estas horas Tere?

— Me encanta hacerlo, mi vecina del 3 casualmente también lo hacía a la misma hora y coincidíamos, a veces mojaba sin querer el balcón de la vecina del 2 y el mío, pero no sé, un día se fue y dejó a luz

— Tendrían problemas ¿no?

— Eso es lo raro, que no, de hecho eran la pareja perfecta

— No hay parejas perfectas hay parejas que fingen ser perfectas, ven regresa a la cama

Teresa dejó sus rosas y sus claveles y volvió a deshojar el cuerpo de Antonieta, un sexo como desayuno para el domingo. Pero Teresa sabia que al terminar, Antonieta lanzaría la frase que no le gustaba oír:

— Bueno amor, debo irme tengo cosas que hacer

¿Qué se puede hacer un domingo?, ¿Qué es eso que debes hacer que no me incluye?, gritaba Teresa en su mente, esa mente ansiosa llena de pensamientos atropellados por las dudas sobre Antonieta. Teresa no quería solo el sexo en la mañana, lo quería todo, todo el domingo, todos los días, todas las mañanas; que imprudente el amor de Teresa, insaciable ante este otro amor de Antonieta, amor comedido, administrado, sin explicaciones. “Tengo cosas que hacer” y el estómago de Teresa renunciaba a la comida y se marchitaba su domingo. Se despedía de la alegría, así que sabiendo que Luz estaba sola y que Antonieta se marchaba, Teresa se iba donde su amiga y ambas espantaban la soledad

— ¿Qué te hizo ahora, Teresa?

Preguntaba siempre luz antes de dejarla pasar y ofrecerle el café

— Nada, se fue “tiene cosas que hacer”

— Ay Teresa, ese corazón tuyo tiene un problema de velocidad

— Si luz, va rapidísimo y Antonieta va como el metro ligero, leeento

— Y ¿qué crees tú que pasa?

— No sé, no sé qué quiere, cuando me alejo me busca, cuando estoy con ella siempre algo de mí la siente lejos

— Y ¿qué harás entonces?

— No lo sé, a veces quiero sacármela del corazón y no volver a verla y otras siento que yo también soy muy intensa y voy muy rápido y tengo que calmarme

— Bueno y tú, ¿cómo estás tú?

— Ni tan joven ni tan movida como tú, bien, leía el periódico

— Hoy me acorde de Aurora

— Yo siempre lo hago, hay días que sus recuerdos son más amargos que otros, a veces creo que debo organizar mi memoria y tenerle días para el odio, otros para el dolor y otros para la alegría

— Y el olvido ¿nunca?

— No creo que pueda hacer eso, olvidarla es olvidarme feliz y no me puedo dar ese lujo.

Mientras Teresa y Luz seguían tomando el café, Abril y Beatriz discutían:

— No puedes seguir así Abril, ¡vamos hacer ejercicio!

— No quiero, ¡me canso!

— Por favor acompáñame

— No, me veo horrible con mono, más gorda, tú en cambio te ves hermosa

— Mi amor por favor haz el esfuerzo

— Beatriz vete tu sola a trotar quieres, ¡déjame en paz!

— Pero no me grites

— Bueno vete, déjame sola

— No entiendo porque te pones así, te cierras y me alejas

Y eso hizo Beatriz tomó sus zapatos de correr y se fue a eso, a correr, lloró mientras corría, la mujer que amaba no se quería y no quería quererse, Beatriz corría como si estuviese persiguiendo la cordura de la mujer que hace cuatro años había conocido y de la que se había enamorado, un cóctel en un lanzamiento de un producto nuevo fue la razón del encuentro. Abril era la ejecutiva de cuentas de la agencia de publicidad y Beatriz el cliente, las miradas iban y venían, ambas con tacones, inteligencia y buen humor. Mientras Beatriz corría llorosa recordaba esa Abril atrevida que entró hace cuatro años a su oficina y la desvistió, incluso le quitó el corazón y no se lo ha devuelto, recordó cuando hace tres años se mudaron al piso donde viven, emocionadas, felices, ya Abril tenia unos cuantos kilos de más pero que no parecían un problema. Tanto Abril como Beatriz siempre lucen muy femeninas, se combinan la belleza con los zarcillos, los zapatos, el perfume, las faldas de los colores del ánimo a disposición de las estaciones del año, pero desde hace un tiempo para acá Abril le renunció al maquillaje, no se habla con sus escotes y discute con el deseo de Beatriz. Beatriz corrió tanto que el sudor se juntó con las lágrimas, su mujer no la toca, su mujer es otra mujer que se esconde en suéteres, pastillas y vino.

Por su parte Abril se enfrentaba con el espejo ¿en qué momento perdió el control? ¿a dónde fueron a parar las curvas, la sensualidad? se mira desnuda frente al espejo y se llora, no se encuentra, no se sabe, se ha perdido una vez más, así que decide bañarse, quedarse en pijamas y doparse con chocolate mientras mira una película que la aleje del drama de su vida.

Mientras Abril mira la película, María le da de comer a sus perros y sus gatos, a veces ladran y despiertan a los vecinos, a María muy poca gente la visita, vive para alimentar a sus perros y sus gatos. Cuentan que fue la primera en habitar el edificio, que tenía una pareja pero enviudó muy rápido, más de una vez ha tenido problemas con servicio social por tener demasiados animales dentro de un apartamento, sin embargo, el buen cuidado de todos y la higiene han logrado que María siga victoriosa con sus cinco perros y sus dos gatos. Cuentan que su pareja murió de un infarto y que la familia de su pareja no permitió que María se quedara con las cenizas ni con nada de la difunta, que para ese entonces María solo tenía un gato y un perro y que la soledad fue incitándola a sumar caninos y gatos a su vida. Cada animal tiene nombre de un día, de lunes a viernes son los perros y por ejemplo. Domingo es un gato negro, Sábado es un gato marrón y pequeño, Lunes es un pastor alemán, Martes es un labrador, Miércoles un caniche, Jueves un pomerania, Viernes un buldog y tiene otros dos gatos que se supone debería buscarle hogar que no sea el de ella porque ya tiene copados los días. De esta forma le dedica más atención al perro o gato que corresponda. Maria trabaja en una ONG de ayuda y rescate de animales y cuando no está trabajando está conversando con sus mascotas.

— Buenos días Domingo, comparte tu comida con estos dos nuevos amiguitos anda, que si no consiguen familia nosotros somos una gran familia, quizás estos gatitos puedan llamarse Enero y otro Febrero pero prometo no dedicarle un mes de todo mi tiempo.

María establece un soliloquio entre ella y ella con voz de cada animal según la expresión de su rostro, así se supone que “Domingo” le responde  furioso y celoso de que por favor le busque dueño a esos dos gatitos que andan de visita.

Yuri no es feliz teniéndola de vecina, por más tranquilos que puedan ser los perros o los gatos, cada perro cuando ladra uno, ladra otro, ladran todos, así que Yuri decide alistarse para dar un paseo en moto, mientras  se pone su look  de motera se le viene a la mente el deseo, la comida de la semana pasada con la mamá de su amiga. Yuri atrevida y coqueta le escribe a Lucía, Yuri llega en su moto a casa de Lucía y la recibe Roberto el esposo de Lucía que ingenuo no llega siquiera a sospechar que su esposa más que tomarse un café quiere beberse a Yuri.

Lucía se monta en la moto de Yuri y Yuri se la lleva a dar un paseo

— No termino de acostumbrarme a las motos, aún y cuando Ana se desvive por ellas.

— Una vez que sientes el poder, la libertad, no vuelves nunca a dejar de manejar o andar en moto

Yuri la pasea por avenidas, la M30 es cómplice del recorrido, hay silencio, Lucía se entrelaza con Yuri mientras contemplan Madrid a dos ruedas, la brisa está a su favor, el domingo también, se detienen en un café a las afueras de Madrid y Yuri sin mayor contemplación sentencia:

— Te gusto, bueno no te lo pregunto, lo sé

— ¿Perdón? ¿Cómo, qué?

— Te gusto, tu mirada te viene traicionando desde que nos conocimos, ¿has estado alguna vez con una mujer?

— Mira yo creo que confundiste las cosas

— Si te vas a ir por el camino de “ yo quiero ser tu amiga solo fui amable” vete sola y te advierto que estás muy lejos de tu casa

— ¿Me vas a dejar botada aquí porque no gusto de ti?

— Claro que gustas de mí

— Claro que no

— Estaremos así todo el domingo o vas entender que ya no tenemos veinte

— Eres demasiado directa

— Es lo que necesitas, una mujer, y una mujer directa como yo

— Me da miedo

— La moto da miedo pero da gusto, te puedes matar en moto o ir más rápido al sitio de destino; lo mismo ocurre con esto pero nadie muere por besarse con personas de su mismo género.

Yuri se acerca, la toma por la cintura y la besa, Lucía se agita, la taquicardia la traiciona, se deja en el beso y besa ella también, besa y besa mucho a Yuri. Se agarra de su chaqueta, de su valentía, de su coraje, la vida entera, como en la muerte, le pasó mientras la besaba. El deseo retenido arrancó como una moto veloz hacia la boca de Yuri hacia el cuerpo de Yuri, Lucia tenía toda la vida esperando besar así, besar de verdad, así que después del beso la  esperó  el llanto como quien sabe que ha perdido toda la vida en el país del aburrimiento y de pronto cruzó la frontera y estalló de escalofríos, de lujuria y se sintió inmigrante ilegal en la boca de Yuri, en esa homosexualidad directa y bien sabida, en un beso largo y mojado confirmó que no necesitaba seguir viviendo con los ronquidos de su esposo sino con el del motor de la moto de la mujer que la acaba de besar.

“Los bizcochos de chocolates los inventó Dios” decía contenta Adela mientras reía con Antonio, pero la cafetería comenzaba a llenarse y la compañera de Antonio nada que llegaba, así que Adela en un reflejo de sentido común y solidaridad comenzó a ser camarera mientras Antonio se quedaba en la caja, más de un café aterrizó en el suelo en su debut agarrando la bandeja, sin embargo su amabilidad la defendía con los clientes que entendían que Adela era nueva. Mientras barría cuando el domingo estaba por terminar, Antonio le entregó una paga por haberlo ayudado y dos bizcochos de chocolate

— Están hechos por Dios ¡Gracias por ayudarme!

— No vale, no pasa nada, siempre me has regalado bizcochos, ya era hora de pagarlos

— No, pero recíbeme el dinero, la chica faltó y tú lo hiciste y muy bien

— Si no mencionamos los cafés que se suicidaron cayéndose de la bandeja

— Esos cafés suicidas te hicieron quedar mal pero es cierto, eran suicidas, fue su culpa no la tuya.

— Así es, jamás me había encontrado con cafés depresivos, descafeinados sí, depresivos no

— Eres demasiado divertida, cerramos y te invito un cañita

— Pero que sea aquí por favor, que las piernas no las siento

— Bienvenida al mundo de la hostelería ¿te mudaste hace poco cierto?

— Sí, vivo en el verde

— Entonces eres gay

— Sí

— ¿Tienes novia?

— Sí

— Ah que bien ¡yo también tengo novia! ¿Cómo se llama la tuya?

— Jessica ¿y la tuya?

— Paloma

— Bueno, brindemos por nuestras novias

Dos cañitas bautizaron una amistad con Antonio, un chico simpático lleno de amabilidad y bizcochos de chocolate.

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