El Verde – Capítulo 4

Teresa es hermosa, siempre tiene una sonrisa que apunta a los corazones de quien la saluda, es dada, siempre dispuesta ayudar. Antonieta también es bella, pero no suele ser muy sociable, sentirse demasiado involucrada la aterra, evita constantemente el lenguaje emocional, sin embargo cuando ambas se quitan la ropa ocurre el desvarío. El sexo es el idioma de los que tienen miedo, ahí Antonieta se entrega, no deja a Teresa “en línea”, no tiene amigos con quien salir, no hay distracción, ahí Teresa y Antonieta están de acuerdo. Ningún libro de crecimiento personal nos dice que el sexo es muy bueno en una relación toxica, pero ¿qué es una relación toxica? es una Teresa ansiosa haciendo todo  por no ser abandonada, hasta ser abandonada y una Antonieta evitando todo para no sufrir el abandono, el mismo miedo con distinta careta y esa careta se quita cuando se desabotonan la camisa y el corazón. Antonieta toma a Teresa la desnuda, le encanta desnudarla y mirarla, sentir como lentamente su piel se llena de escalofríos y la mirada anuncia una excitación inmediata, luego rodea sus senos con su lengua y se cita con sus pezones, se los chupa y Teresa arde, ¡mayor incendio! hacer el amor con quien se ama. Antonieta se olvida de los límites, da todos los permisos, se desnudan sin pudor; Teresa también la desnuda esperando que al corazón se le quite el miedo escénico, la toma por la cintura la empuja hacia la cama y se monta encima, toma sus manos y las desplaza por sus senos y las hace estacionarse en su cadera, se aproxima la danza, el baile donde se frotan, todas las peleas pierden, todos los desacuerdos  se rinden. Teresa surte la piel de Antonieta con besos calientes, sus dedos van camino a su sexo y no descansará hasta sentirse dentro y ahí cava una danza con los dedos que hace explotar a Antonieta, que sumisa y abierta pide más, adora la penetración en el sexo, adora que Teresa esté dentro, eso tiene el sexo, es un idioma distinto donde la entrega no viene con obstáculos. Antonieta se corre y Teresa mira su orgasmo como se mira la gloria; Antonieta no descansa, va a por el sexo de Teresa, lo lame con deleite, Teresa se abre y se deja, Antonieta le encanta rendirse entre las piernas de Teresa hasta escuchar su orgasmo y el orgasmo es como una canción favorita entre ellas, se repiten una y otra vez, una  y otra vez.

Quizás Adela y Jessica, como sus corazones no tienen muros, ambos están tranquilos, el sexo es delicioso, pero tiene otro sabor. El fuego es una hoguera tranquila distinto al de sus vecinas, además, deben ser las primeras en llegar a casa de Luz, los últimos viernes de cada mes, suelen todas las chicas del El Verde reunirse en casa de Luz y este viernes tocaba darle la bienvenida a las nuevas inquilinas, así que el sexo podía esperar.

Pero quien sí quería tener sexo y no podía era Yuri, era viernes y Lucía debía permanecer con su esposo y sus amigos, Yuri ya estaba tomándose unas cañitas con Luz.

— Entonces es casada ¡Ay, Yuri te veo más inquieta de lo normal

— ¿Tú dices? no vale, es que simplemente quería estar con ella hoy

— Tu malabarismo emocional como que se te está saliendo de control

— ¡Qué dices! claro que no, solo que no entiendo como las mujeres están con quienes no quieren

— ¿Y ella no quiere estar con su marido?

— Llevan muchos años de casados, así que es difícil

— Lo es para ti y para ella…

— Para ella más que para mí, es ella la que tiene que tomar decisiones

— Ya …

María llego con una tarta. María suele hacer postres deliciosos, el sexo y María se despidieron hace muchos años, a María dejaron de gustarles los hombres desde que su primer novio resultó como su padrastro y terminó en las mismas condiciones. María guarda otro secreto, no es gay pero el escondite perfecto para tapar sus crímenes de justicia es en un edificio de lesbianas. Fue fácil para ella decir que era gay, tenía un perro, un gato y mucha soledad; sus vecinas, como era de esperarse, resultaron empáticas con sus animales, amables, amigas, familia. Se enteró de la iniciativa del Ayuntamiento de Madrid de crear edificios exclusivos para la comunidad lésbica y no dudó en que ese edificio sería perfecto para cuidarse y cuidar a sus animales de malos tratos, así que cada último viernes de cada mes aparece con un postre para sus amigas.

Adriana y Daniela se decantaron por llevar botellas de vino, también conocerían formalmente a Daniela que tenía que decir que era gay para evitar malos entendidos y roces con las vecinas, cosa que resultaba divertido para Adriana y Daniela.

Beatriz y Abril no tardaron en llegar, amaban esas reuniones. Abril se sentía en confianza, pequeños gestos en público de amor hacia Beatriz le hacían creer a Beatriz y a todas, que estaban perfectamente bien. Por ese tiempo de tapas, tragos, chistes y conversa parecía haber un acuerdo tácito de pasarla bien, de sentarse juntas y hacer ese pequeño gesto de tocarse la pierna como una leve y hermosa señal de pertenencia.

— Por fin llegas Tere, ya me iba resentir si no venias

— Cómo no vamos a llegar Luz, es que nos tardamos un poco lo siento

— Los gritos se escuchaban aquí

— Yuri no seas indiscreta

— Luz es verdad, les hablo desde la envidia claro está

Antonieta bebió con vergüenza y risa un trago, el chiste las acosó con beneplácito toda la noche

— Bueno Adriana…¿Daniela es tu novia o es tu amiga?

— Es mi amiga Yuri puedes pedirle el número

— Amiga, Yuri está soltera igual que tú

El viernes tiene esa particularidad, carga en su morral chistes, insinuaciones, distracciones, licor, tratados de paz…

— Entonces estás soltera

— Pero no disponible, gracias

— Te dijeron que no en tu cara, Yuri

— Teresa cállate, claro como follaste te sientes poderosa

— Pero quien parece entretenida con su móvil es la nueva del 3-B

— Pues si Tere, no lo suelta

— Tía que esta reunión es para conocerte, deja el móvil tía

— Yuri ¿tú sabes que la prudencia existe, verdad?

— Tere, pero si no suelta el móvil!

Actitud que a Jessica ya le venía molestando, Adela miraba el móvil y reía

— Amor que pasa, no sueltas el móvil, que pena con las vecinas

— Perdón, es Antonio que me hace reír, recuerda que habíamos quedado con él y la novia…

— Ya, pero hoy quedamos aquí con tus vecinas, mañana podemos verle. Ahora por favor ¿quieres estar aquí conmigo y el resto de las chicas?

Adela se sorprendió, se dio cuenta de la atención que le ponía Antonio, del interés, se fue del móvil, huyó de su propia duda

En la puerta estaba Isabel, venía de una guardia, pero unas cañitas en casa de Luz en compañía de sus vecinas era el mejor relajante para un arduo día de trabajo.

La noche siguió entusiasmada. Daniela cambiando “o” por “a” para preservar su estadía, Adela contenía las ganas de volver a escribirle Antonio, Beatriz y Abril entonadas y cercanas, Antonia tomaba fotos para evadir el contacto social, Teresa feliz de ver a su amada tomando fotos, Luz y María sirviéndoles a todas, riendo, Yuri ahogando su ansiedad en las cervezas, la felicidad fue invitada toda la velada, hasta que una invitada inesperada tocó el timbre.

Maria abrió la puerta y una joven norteamericana la saludó, hablaba en inglés así que le pidieron Adriana que tradujera.

Cuando Luz la vio se quedó fría, inerte, paralizada. La chica decía que era la sobrina de Aurora y que venía de paso por Madrid, que siempre quiso conocer a su tía pero que su mamá nunca se lo permitió por homofóbica. Pero la sorpresa no era esa. Luz había escuchado hablar de ella y en la carta que Aurora dejó, le decía a Luz que se iría a EE. UU. a vivir con su sobrina… pero su sobrina no sabía del paradero de Aurora, entonces ¿dónde está Aurora?

Un silencio frío congeló el viernes y las miradas de todas, la joven también quedó sorprendida. Luz buscó las cartas, no tenía duda que era su letra, había vivido con Aurora muchos años, le conocía la letra, era de ella.

— Ella dice que nunca vio a su tía, que jamás fue a E.E.U.U, ni siquiera tras la muerte de su hermana

Respondía Adriana traduciendo con asombro

— Hay que averiguar bien qué pasa

Dijo María. El miedo a decir que algo pudo haberle pasado era un elefante en la sala, nadie se atrevía a decirlo. A María se le aguaron los ojos, a Teresa igual, Adriana despidió a la chica, la sobrina de Aurora se despidió y pidió que  si sabían algo de su tía, que no dudaran en contactarla.

Luz se sentó con las cartas en sus manos, le pesaba la vida, ¿dónde está Aurora?

Luz y todas las chicas se apagaron de angustia.

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