El Verde – Capítulo 5

¿Te gusta el sexo?  Fue la pregunta que le resonó a Isabel y le hizo María mientras almorzaban juntas. Isabel enumera sus experiencias sexuales  heterosexuales, ninguna le pareció placentera, sin embargo tampoco le anima mucho la idea de estar sexualmente con una mujer, pero le ilusiona compartir su vida con una ¿ es raro eso? Le preguntó con inocencia a María

– No, no lo es, a mi tampoco me gusta el sexo

– Pero tú si has tenido sexo con mujeres, yo no.

María no había tenido sexo con mujeres, pero coincidía con que ya para ella el sexo dejó de interesarle y en el fondo nunca la vida le dió la oportunidad de encontrarse feliz desnuda con otra persona, su virginidad se la llevo su padrastro

– Sí, y ciertamente es mucho mejor el sexo con mujeres que con hombres

– ¡Viste yo lo sabía! quiero decir, lo se pero nunca me he atrevido

A Isabel el sexo oral le parece una desgracia, nunca le ha gustado hacerlo y que se lo hagan ¿como unir boca con sexo?

– La boca es para hablar …

Insiste Isabel, porque los códigos del sexo le resultan incómodos

– Pero si no has tenido sexo con una mujer ¿por qué dices que eres lesbiana?

– Porque lo sé, los hombres no me gustan, tuve a Virginia porque quería ser madre pero el sexo con hombres no me gusta. Y no sé si me guste el sexo pero me gusta estar entre mujeres, me siento segura, me siento tranquila.

– Te entiendo Isabel, tenemos muchas cosas  en común ¿te apetece ir al cine por la noche?

– ¡ Claro, me encantaría!

Mientras, en el piso de al lado Daniela se hacía una ensalada, venía de un casting fallido, las buenas noticias la venían dejando embarcada desde hace tiempo, algo pasaba con la suerte que la dejaba en azul, el adiós de Sebastián la acompañaba mientras le ponía aceite de oliva, sal y vinagre a su ensalada, decidió llorar mientras cocinaba y acompañarse con una copa de vino, mientras tiraba las aceitunas negras sobre la rúcula, recordaba cuando montaba una obra de teatro y Sebastián era su cómplice, aún y cuando él era médico, amaba ser parte del elenco de su esposa, varias veces el deseo los encontró en camerino, se volvió tramoyero, asistente de producción, patrocinante, público, fotógrafo de las obras de teatro de Daniela.

Pero luego, esa misma actriz con esos mismos sueños, se volvió molesta para Sebastián, pero ¿en qué momento? ¡siempre he sido la misma! grita por dentro mientras incluye el queso mozarella a su ensalada. Que extraño es el amor o el desamor, en el amor era la actriz soñadora que interpretaba con vehemencia personajes maravillosos, en el desamor era una actriz conformista que no llena la taquilla, el pragmatismo y el idealismo batallando en una relación, las facturas por pagar y las profundidades de Chejov no son compatibles, los aplausos no pagan el alquiler, el sexo no resiste tantas diferencias.

Le quedó buena la ensalada a pesar de las lágrimas  que aterrizaron en las aceitunas o el maíz. Daniela pasa tiempo sola, Adriana da clases en un conservatorio, ofrece conciertos, conferencias musicales, siempre sale y entra con rapidez o se dedica a ensayar, mientras Daniela sigue con Sebastián en el corazón

– ¿Hay otra?

Le pregunta Daniela al Sebastián invisible que ella ha decidido invocar para drenar su soliloquio, como buena actriz lo imagina y lo mira :

– Tu adiós ha sido muy frío Sebastián, se me congela la tristeza

– Pensé que siempre estaríamos juntos, Sebastián

– Que eras un casting seguro, un personaje eterno, que todo me podia faltar menos tú  ¡Sebastián!

Lo grita con el dolor de la pérdida, sin cautela, con la tristeza más grande del mundo.

Hasta que apareció la pianista escurridiza, exclamó Eva y se sentó a comer junto a Adriana

– Estaba de gira por Miami

– Y en Miami no podías contestarnos  los mensajes

– Disculpa, pero bueno lo importante es que ya llegué

–  ¿Te quedas en casa hoy o vamos nosotras?

– Prefiero ir yo a casa de ustedes, está una amiga en casa, se está quedando conmigo y esta muy triste

– Te estas follando a tu amiga

– ¡No! Qué dices, solo estoy follando con ustedes ¿que tal Patricia?

– Bien ahorita debe estar despertando,  ayer pinchó en un bar, te extrañamos

– Y yo a ustedes, hoy en la noche se acaba la nostalgia

– Bueno dame un beso de adelanto

El poliamor se desplaza por los cuerpos de Eva y Patricia, ambas son pareja y en una noche de copas descubrieron a Adriana y esa noche iniciaron un concierto en la cama a tres voces. Adriana va y viene del pentagrama erótico porque Adriana esta más enamorada de la música que de cualquier otra cosa en el mundo, pero cuando las partituras de su piano se cierran, ella abre otra en los cuerpos de Eva y Patricia. Adriana no quiere tener pareja, pero detesta tener sexo solo por tener sexo, eso quizá es cosa de hombres, para Adriana el sexo forma parte de un buen momento de charla, vino y anécdotas, aún y cuando no quiere comprometerse en una relación formal, no puede irse a la cama sin antes revisar el corazón de sus amantes y Eva y Patricia resultaron una pareja abierta y divertida, así que cada cuanto se citan, salen a correr juntas, van al cine, se van de tapas y se follan entre ellas, de esa forma no hay peligro de que algún corazón se quiebre, al menos eso es lo que busca siempre Adriana cada vez que se relaciona, busca verdad, infringir el menor dolor posible y ser libre, muy libre.

Los corazones inestables y asustados tienden a hacer mucho daño, navegan de extremo a extremo. Ésta vez los corazones de Teresa y Antonieta migraron a la distancia, Antonieta una vez más no invitó a Teresa a su fin de semana. Antonieta pone un muro los fines de semanas, una frontera cerrada entre sus círculos sociales y Teresa, Teresa no lo entiende, así que decide como obrero y por necesidad, montar ella otros muros hasta que ambas no puedan verse.

Y ¿si se da el chance con otras chicas? se pregunta Teresa, pero su monogamia terca se lo impide ¿Qué hacer con la ansiedad? entonces en medio de su angustia y su quebranto buscó ayuda para que le quitaran la infección que tenía en el amor, pidió cita para un psicólogo, después de todo cuando te duele una muela vas al odontólogo, si te duelen los pensamientos es urgente sacar las caries que genera la incomprensión.

Otra que está confusa es Adela, mientras venía de dejar su CV en varios sitios, sin éxito, fue directo donde Antonio.

– Disculpe ¿en el menú tiene palabras de aliento con chocolate?

– ¿Aliento por no conseguir trabajo, por extrañar a la familia, por una discusión de pareja?

– La primera con la segunda

– ¡Uy sí! tenemos doble ración de palabras de aliento cubierta de chocolate y un abrazo

– Y Jessica no lo entiende, ¡claro ella es española no puede ver lo difícil que es conseguir trabajo!

– Te entiendo mi novia igual

La migración hace que el corazón siempre tenga una nostalgia, cierto desamparo se queda a vivir en el pecho, no se va, hay que hacer cierta conciliación con ese trago amargo de la inmensa soledad, estar lejos aunque estés bien sigue siendo estar lejos y Antonio y Adela compartían esa morriña. Antonio quiso acercarse, regalarle sus brazos y eso hizo, conocía ese dolor,  se quedaron juntos en un abrazo y un silencio reconfortante los acobijo, Antonio se sentía conmovido, tocó el rostro de Adela y Adela lo permitió, Antonio se acercó más y la besó, algo le decía que tenía permiso, Adela accedió, no sabía por qué pero lo hizo, un beso bonito pero infiel.

Adela salió corriendo de la cafetería, corrió a su casa, ¡Que había hecho! Se decía dentro de sí, no sabía qué le pasaba. Adela no era bisexual, al menos eso creía ella; Adela nunca había sido infiel, al menos antes de ese beso. Adela después de probar los labios de Antonio no probó bocado, estaba atragantada de dudas y culpa.

Abril  estaba sentada en su escritorio, era hora del almuerzo y su mente batallaba entre una ensalada o una hamburguesa, una Abril entusiasta le insistía en no esperar  hasta el lunes para hacer dieta, que el momento de la dieta era ahora, la otra le insistía en la deliciosa hamburguesa que podía esperarle, que quizá el lunes podría empezar a restringirse y Abril en medio, con las manos en el teclado pensando qué hacer, si sucumbir a sus deseos o hacer caso a la sensatez. La Abril ansiosa le decía que el trabajo estaba petado, que tenía muchas reuniones con muchos clientes que atender, al mismo tiempo que tendría que responder correos, hacer presupuesto, ser amable, caminar en tacones, ¡uff! ¡cuánto sufría Abril con los tacones!  ¿Cómo vamos a continuar el día con una simple ensalada? el día es un tigre al acecho y no podemos combatir un tigre con una ensalada.

Entonces Abril sucumbió a la hamburguesa, el refresco, la patatas fritas y el postre, pero dentro de sí había encontrado la forma de estar con las dos Abril. Sí, se comió la hamburguesa pero estando en el baño se le ocurrió debutar en la bulimia, vomitó su culpa y se fue a enfrentar el tigre.

Yuri acompañó a Luz a la comisaría después de pensarlo y en vista de la visita de la sobrina de Aurora. Luz se llevó la carta de despedida que recibió de Aurora, era vergonzoso y profundamente doloroso después de 8 años declarar a Aurora desaparecida.

– ¿No le pareció sospechoso que la dejara así?

– En Aquel momento no, en aquel momento tenía rabia, intenté llamarla pero me escribía diciendo que no insistiera

–  ¿Alguien que odiara Aurora?

– No, Aurora era Amable con todo el mundo, ésta fue la carta que me dejó en la sala:

“Se que te parecerá extraño, un chiste quizás, pero no, no lo es, he decidido dejarte, hay cosas de mi que no sabes, cosas que siento y jamás hablé, lo siento Luz, pero no puedo seguir aquí ni contigo, espero que puedas algún día perdonarme cometí un error  y no puedo hacer más. Me voy A E.E.U.U,  viviré con mi sobrina.  Perdóname, sabes que te amo”

Aurora

  Para declararla desaparecida hay que esperar 72 horas, luego de eso comenzaremos a investigar, siento mucho que esté pasando por esto.

Setenta mil ochenta horas hay en ocho años, esperar setenta y dos horas más no es nada, la diferencia es que antes la esperanza era de que volviera. Ésta vez, esas setenta y dos horas podían determinar que Aurora quizás no la había dejado si no que algo le pudo haber pasado.

Salieron de la comisaría en silencio,  a la indiscreción característica de Yuri le dio miedo escénico soltar cualquier palabra, sin embargo mientras caminaban Luz se detuvo

– Necesito escucharlo ¡dilo!

Yuri miro a Luz, ambas con tristeza

– Puede que esté muerta, puede que alguien le haya hecho algo.

– No, ¡no! Aurora no está muerta. Aurora me dejó porque dejo de amarme, porque no regaba las flores, porque respiré mal, porque no hacía el café como ella, pero no está muerta ¡no lo está !

Luz, que nunca gritaba, se lo gritaba a Yuri una y otra vez hasta que el llanto le pudo y se agarró de los brazos de Yuri para llorar las setenta y dos horas más larga de toda su existencia.

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