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Capítulo 19: Epílogo

Foto de Lucas Kohoko

Alrededor de las torres de todo el mundo se habían congregado cientos de bastianos afines a los humanos. Las fuerzas de la ley a favor de los invasores estaban cayendo o rindiéndose en todos los rincones de La Tierra. Los drones de ataque comenzaron a ser desarmados cuando un grupo de militares formado por personas de distintos lugares de Madrid tomaron la central de control de la policía. Lo mismo ocurrió en otras ciudades del planeta. Los grupos rebeldes empezaron a hacerse con el poder.

Los alienígenas que no estaban protegidos junto a las torres fueron sucumbiendo, algunos perdieron el sentido, otros murieron directamente sin saber el porqué. Los que descubrieron a tiempo lo que estaba ocurriendo, intentaron huir hacia sus naves nodrizas, pero el lento ascenso para llegar a estas impidió que una mayoría de ellos escapara a tiempo del mortal silencio.

Los pocos que sí lograron alejarse y protegerse en sus naves con sistemas de sonidos individuales, comenzaron a ser atacados por aviones de caza de todo el mundo que acabaron siendo abatidas. En cuanto se recuperó el control del armamento, se usó con gran rapidez para acabar con la contienda lo antes posible.

Los gobiernos afines a los invasores comenzaron a sufrir golpes de estado por parte de sus fuerzas de seguridad. Todavía había gente que defendía el modo de vida alienígena, aunque era un pequeño porcentaje en comparación con los habitantes que sobrevivía en los barrios dispersos, sin seguridad, tecnología, medicinas y comodidades. Cazarrecompensas, trabajadores, gente fuera de la ley, vagabundos, todos se unieron para acabar con los gobiernos dictatoriales estuvieran dirigidos por bastianos o humanos.

Veinticuatro horas después del comienzo de las revueltas, Nacho, a través de la tecnología UV y sin necesidad de usar la red oculta, volvía a dar a todo el planeta un comunicado retransmitido con imágenes. A su lado se encontraba el Anticuario que se había convertido en un ejemplo para todos los Sanadores del mundo. Un bastiano iba pronunciando las mismas palabras para que así fuese entendible en los distintos idiomas del planeta.

—Compatriotas del mundo… todo ha terminado. ¡Hemos ganado la guerra! El planeta vuelve a pertenecer de los humanos —anunciaba Nacho dando paso a su amigo el Anticuario.

En el viejo sótano melillense del tristemente fallecido Pedro, Emilio bebe cerveza de una gran jarra recién servida por Jato. Está sentado alrededor de una mesa junto a sus amigos y varios miembros de los antiguos Sanadores, siguiendo la retransmisión en directo. De fondo se puede escuchar el tema Smoke on the wáter del grupo Deep Purple.

—Tenemos su conocimiento científico, así que podemos curar a los heridos. Tenemos grandes avances tecnológicos que deben servirnos para el bien de todos sin distinción de clases, razas o creencias. Los bastianos afines serán tratados como iguales y ahora disponemos de un tratamiento para que en un futuro muy próximo puedan convivir con nosotros sin necesidad del sonido emitido por las torres. Nos queda un gran trabajo de reconstrucción, pero ahora estaremos todos unidos para conseguir un mismo fin: la paz y armonía en todo el planeta Tierra —añadió el Anticuario.

Todos sonríen al escuchar esas palabras, aunque alguno lo hace con lágrimas en los ojos.

—Hemos perdido muchos amigos… lo primero es brindar por todos aquellos que han caído en esta guerra, por todos aquellos que dieron su vida por la libertad —propuso Sara.

Todos levantan sus jarras al aire.

 —Todavía me parece increíble que hayamos conseguido liberar al mundo, pero ahora nos queda un gran camino por delante como dice el Anticuario, debemos lograr un mundo más justo que antes y no cometer los mismos errores del pasado. ¡Lucharemos por ello todos unidos! Aunque primero… me muero por escuchar a todo volumen a los Iron Maiden, haz los honores Savi —ordenó Emilio.

—Por supuesto Emilio, reproduciendo de la nueva base de datos un tema de los Iron Maiden aleatorio.

Comienza a sonar la canción Out of the silent planet a gran volumen. Emilio cierra los ojos para disfrutarla. Sara acaricia a Felipe y este, mirándola, sonríe por primera vez en su vida.

Fuera, se produce un pequeño resplandor azul, al que acompañan las guitarras de la Doncella de Hierro. Nadie de los habitantes terrestres, embriagados por la enorme victoria alcanzada, se fija ni percibe el extraño suceso atmosférico que acaece en el cielo de la noche. Tal vez no tenga ninguna importancia, o tal vez sea el destello que se origina cuando una nave de alguna lejana galaxia se teletransporta usando un pliegue espacial.

 

 

-FIN-

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1 comentario en «Capítulo 19: Epílogo»

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