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Capítulo 2: La Guerra de Todas las Guerras

Nada se sabía del planeta natal de estos seres hasta aquel fatídico día del 20 de enero del año 2025. Ningún satélite, ni estación espacial, ni observatorio, detectaron movimiento alguno o anomalía hasta que aparecieron unas gigantescas naves alrededor de todo el planeta. Los científicos determinaron que debían viajar usando pliegues espaciales, no es que sus naves fueran más rápidas que la luz y no las hubiéramos visto acercarse, es que, literalmente, se teletransportaban por el espacio sin resultar dañadas en su estructura, ni tampoco a los miembros que viajaban en su interior. Sin embargo, como después se comprobó, no podían transferirse del mismo modo en la Tierra, por lo tanto, no era una tecnología de traslado a distancia de objetos físicos, es decir, no se transportaban los átomos de la materia para recomponerla en otro lugar, sino que se creaban agujeros que te llevaban de un lado a otro del espacio acortando, en apenas minutos, las inmensas distancias interplanetarias.

Se mantuvieron fuera de nuestra atmósfera y se pusieron en contacto con los principales líderes políticos de todo el mundo. Primero “hackearon” las señales que emitían los satélites para entablar contacto y cuando obtuvieron respuesta de varios países, concretaron con sus respectivos líderes cómo debían producirse los encuentros presenciales. Desde un principio, aseguraron que venían en paz, solo pedían instalarse en nuestro planeta y, a cambio, nos ofrecían su tecnología. Manifestaron que su especie era originaria del planeta Bastet y que no era la primera vez que nos visitaban, lo que algunos expertos lo relacionaron con la mitología egipcia y la creación de las pirámides y templos en Egipto y otros lugares del mundo.

La comunicación con cada país era muy curiosa, ya que no aprendían el idioma, pero tampoco les hacía falta traducción. Hablaban con una especie de sonido gutural entre los suyos, pero cada vez que lo hacían con un humano, imitaban el sonido que estaban escuchando con su fonética exacta. No solo les oyes hablar en tu idioma, sino que imitan tu propio acento, ya sea el de México, Japón u otros países.

Consistía en un proceso natural que no dependía de ninguna tecnología, de este modo, cualquiera de ellos podía utilizar con cualquier persona de nosotros en algún lugar del mundo, pero no podían lograr que nosotros rompiéramos esa barrera idiomática hablando entre diferentes nacionalidades. No hace falta aclarar que como traductores son perfectos. Si han llegado a controlar todos los idiomas a través de aprendizaje, debieron pasar años estudiándonos.

Los países que respondieron a su llamada fueron los más fuertes militarmente; EE.UU., China, Japón y Rusia, que a pesar de la reciente guerra en Ucrania, había salido reforzada. La Unión Europea se quedó al margen en un primer momento, debido a la débil situación que atravesaba tras la guerra ruso-ucraniana.

Tras varias conversaciones a través de videollamadas y, posteriormente, reunirse entre ellos los líderes mundiales decidieron tener un encuentro cara a cara. La primera reunión la tuvo un emisario bastiano con un grupo de mediadores de varios países, los más representativos de la ONU. Se vieron en Ottawa, Canadá, ya que fue el primer país en permitir que una nave espacial entrara en su espacio aéreo.

Al principio, lo que más llamó la atención, fue su aspecto; eran físicamente parecidos a los humanos, pero con más pelaje por todo el cuerpo y el rostro con rasgos felinos. No llegaban a tener faz de animal, pero sus ojos eran más alargados, con orejas puntiagudas, vello por toda la tez y la nariz achatada. En general eran más altos y corpulentos, y mucho más fuertes, rápidos y ágiles.

Podían vivir perfectamente con las condiciones de nuestro planeta, tanto por el aire, como por la presión, ya que su lugar de origen era muy parecido a la Tierra, si acaso algo más frío, pero perfectamente compatible para la vida. Aunque dijeron necesitar un tiempo de adaptación y, por seguridad, los primeros meses usaban una aparatosa escafandra unida a una gran mochila a la espalda.

Después de esa primera reunión y, tras presentar a nuestros científicos análisis y pruebas que demostraban que no podían contagiarnos ningún tipo de virus o enfermedad, se aceptó que unos pocos se instalaran para ver cómo se desarrollaba la convivencia. También les mostraron radiografías e informes médicos de cómo estaban compuestos y cómo funcionaba su organismo. Era realmente asombroso el parecido con los humanos. Tanto el aparato respiratorio como digestivo, o incluso el reproductivo, eran muy similares. Cualquier médico humano podría tratar a uno de estos seres en un quirófano y viceversa.

El lugar elegido para emplazar su campamento inicial fue en el mismo país de la primera reunión, Canadá, y antes de instalarse la comunidad extraterrestre, nos facilitaron ciertos avances tecnológicos, sobre todo dedicados a la medicina. También nos dieron nuevos materiales, tejidos y metales de gran utilidad en muchos campos. Nos dijeron cómo mejorar la tecnología que ya teníamos, desde entonces las impresoras 3D se convirtieron en algo esencial para todo tipo de fabricaciones caseras y profesionales en todo el mundo.

Solo pidieron poder construir una torre junto a su campamento. Así lo hicieron y en pocas semanas los primeros 2500 extraterrestres estaban viviendo en paz y armonía con el resto de canadienses, aunque en un barrio aislado. No había muchas diferencias en sus hábitos de vida; comían como nosotros, aunque eran veganos en su totalidad, veían poca televisión y leían más (libros en cualquier idioma). No convivían con animales, pero paseaban, hacían deporte, jugaban con videojuegos o hacían parrilladas en el jardín con sus vecinos. Además, al mes de estar allí todos se quitaron sus escafandras y aparatosas mochilas, ese detalle que al principio les hacía tan distantes, desapareció de un día para otro y comenzaron a entablar relaciones amistosas con sus vecinos más cercanos. Enseguida se adaptaron a todo, igual cantaban en un karaoke que se iban a jugar al billar. Aprendían las reglas de los deportes en minutos y podían competir en pachangas vecinales a un buen nivel.

No bebían alcohol, ni bebidas azucaradas, según explicaban más por apetencia que por ser dañino para su salud. Todo iba tan bien que entonces se planteó la siguiente fase; las 24 grandes naves que había en la órbita espacial bajarían también para instalarse en diferentes lugares. Estos aparatos eran grandes ciudades volantes, la ONU calculó que podían albergar a medio millón de seres en su interior. Surgieron muchas discrepancias entre los países, aunque la mayoría estuvo de acuerdo, dado que los avances médicos habían salvado miles de vidas humanas en solo cinco semanas. Se podía curar o al menos tratar cualquier tipo de cáncer sin recurrir a la agresiva quimioterapia, los virus desaparecían del cuerpo en segundos con unas simples pastillas, existían unos robots que podían realizar operaciones quirúrgicas sin ayuda humana e, incluso, también podían cicatrizar profundas heridas en minutos. Decían tener cura para el alzhéimer y otras enfermedades degenerativas como la mucopolisacaridosis (MPS) o la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), así que fue fácil convencer a la mayoría de gobernantes.

Sin embargo, algunos se negaron a participar y mostraron su rechazo a los visitantes, dejaron bien claro que era un error por mucho que ahora no lo pareciese. Entre ellos había países enteros; Israel, Argentina, Italia, Japón y España. Los primeros decían que no se fiaban de nadie y era demasiado bonito para ser verdad, los segundos que no habían aclarado por qué estaban allí, si se habían quedado sin planeta o si estaba superpoblado, no manifestaban nunca cuántos eran ni mucho menos cuántos más podrían venir. Los italianos estaban bastante de acuerdo con los anteriores, así que desde un primer momento se negaron a votar a favor. Los gobernantes del país del sol naciente dijeron que ellos no tenían espacio en su país y no veían lógico apoyar el sí, teniendo en cuenta que irían a otro territorio ajeno a ellos, decidieron que solo debían votar los países que fueran a estar realmente implicados. Por último, los españoles, tras un gran enfrentamiento que dividió al país en el parlamento entre los dos partidos políticos principales, se decidió desde su gobierno que no tuvieran permiso para entrar. Ganó la propuesta del partido conservador junto con el apoyo de liberales y votantes de extrema derecha. La oposición formada por los partidos de izquierda defendió dejarles entrar, tachando a sus competidores políticos de xenófobos y racistas. El gobierno español decidió que se votaba no a la entrada y, además, si acababan instalándose por el voto del resto de países, proponían que usaran su tecnología para habilitar ciudades sobre el mar, alejadas del resto de la civilización. Después de esta decisión muchos partidos de ideología de extrema derecha en toda Europa se aliaron con España, aunque ninguno de ellos gobernaba en su país.

Con este panorama, al final, prácticamente todo el continente europeo decidió que sí se debía convivir con los seres del espacio. Lo mismo ocurrió en otros continentes, había grupos que se oponían, pero la mayoría de gobiernos decidieron dar luz verde a su entrada y convivencia en nuestro planeta.

Aparte de los grupos políticos, hubo muchos movimientos sociales secundando la causa a favor de la bienvenida; los animalistas, ecologistas, grupos veganos y, sobre todo, las grandes corporaciones contra el cambio climático prestaron desde el inicio el apoyo a todos los gobiernos que estaban a favor. En resumen, venían a decir que cuidarían de la Tierra mejor que nosotros, que nos enseñarían a alimentarnos adecuadamente, que acabarían con el maltrato animal, lucharían contra la polución en las grandes ciudades y frenarían el calentamiento global. Su forma de vida en esas primeras semanas y su tecnología superior ayudarían rápidamente a todo eso. Saldríamos ganando, ayudando al prójimo, aunque este beneficio hubiera llegado desde un lejano sistema solar.

Los grupos de extrema derecha se convirtieron en la resistencia en las calles, repartiendo folletos, pegando carteles y desplegando pancartas donde intentaban hacer ver a la sociedad que esta decisión no sería buena, incitando a rebelarse contra el gobierno. No tuvieron suerte y fueron perseguidos por todo el mundo. Muchos de ellos llegaron a cometer delitos quemando y destruyendo mobiliario urbano e, incluso, agrediendo a políticos. Acabaron huyendo, buscando refugio en los países más afines a sus ideas, como España, Italia, Argentina e Israel, en definitiva, a cualquiera de las naciones que habían dado su negativa al proceso de entrada. Japón, aunque no votó a favor, se mantuvo imparcial, así que tampoco aceptó a refugiados políticos de dicha ideología.

En España todo ocurría al contrario que en el resto del territorio europeo, la resistencia y lucha en la calle la hicieron los grupos a favor del sí, ya que era la opción contraria a la del gobierno, así que se llegó a enfrentamientos urbanos entre grupos radicales de cada idea. Fue curiosa la posición de Cataluña, esta región de España que cuenta con una parte de la población que quiere independizarse del país, estaba de acuerdo con la llegada de los viajeros espaciales si seguían varias directrices; en primer lugar, no instalarse en ningún lugar de Cataluña, después debían hablar catalán como hacían con otros idiomas y, por último, debían apoyarles en su lucha por la independencia contra el gobierno de España. Tres días después de dichas propuestas del presidente regional, se desató una especie de guerra civil por las calles de toda Cataluña, ya que más de la mitad de la población estaba completamente en contra de cada una de esas declaraciones y apoyaba al gobierno central de la nación.

También fue llamativo el papel de la Iglesia católica, mientras el resto de confesiones apostaron por el trato cordial a los forasteros y la cesión de tierras para su establecimiento, el obispo de Roma se opuso, y dio varias razones; la primera es que no vivían en familias tradicionales (padre, madre e hijos), sino en grupos numerosos. Los visitantes contestaron a las autoridades eclesiásticas que sus descendientes no habían viajado con ellos y llegarían en una segunda oleada, así que de momento, se habían reunido en grupos por amistad y no por lazos de sangre, aunque dejando claro que ellos no creían en nada parecido al matrimonio. El papa también les preguntó cuáles eran sus creencias, en esta ocasión simplemente dijeron que no había nada más en lo que creer aparte de lo que se podía ver y tocar. Esta respuesta hizo que la cabeza visible de la Iglesia católica les negara su apoyo.

Según se iban ubicando los extraterrestres en diferentes países, los altercados eran más numerosos. Sin embargo, ellos se mantenían al margen, con un perfil bajo, dejando claro que eran víctimas de mentalidades extremistas. Continuaban facilitándonos tecnología y descubrimientos científicos que mejoraban considerablemente nuestra vida, así que ningún gobierno se planteó expulsarles de sus territorios a pesar de los alborotos callejeros. Hasta que todo cambió.

Ya estaban todas las naves en nuestro planeta. El número de colonos espaciales que había aterrizado era mucho más del esperado, podían haberse repartido por todo el mundo alrededor de un millón de bastianos. Cada vez que una gran ciudad flotante aterrizaba, se construía una gran torre a su lado. Además, terminándose en último lugar, se fabricó e instaló una todavía mayor en el desierto del Sáhara, que parecía ser la madre de todas las demás. Entonces comenzó una gran pandemia, una mutación de un virus ya conocido por todos, el coronavirus, pero en una forma mucho más letal que desató su fuerza por todos los lugares del mundo. El Covid- 25 (acrónimo en inglés de “enfermedad del coronavirus 2025”) comenzó a mermar la población mundial, pero sin afectar a los visitantes del exterior. Su gran peligrosidad residía en que el virus conseguía fusionar las neuronas del cerebro, algo inaudito en medicina. Aunque siempre se había dicho que ya el Covid- 19 lo hizo en su día, ahora ocurría de forma mucho más agudizada y perjudicaba y se transmitía a un mayor número de personas.

Mucha gente se preguntaba si tal enfermedad la habían traído los alienígenas invasores, pero los científicos españoles decían que era poco probable, ya que era un virus conocido que ya había creado problemas apenas cinco años antes. Lo más extraño es que los tratamientos suministrados por los bastianos contra la enfermedad no hacían efecto, ni tampoco las vacunas que se habían desarrollado con antelación. Los científicos visitantes manifestaron que era una mutación nueva, que era culpa del maltrato humano al planeta, y prometieron ayudar a la humanidad garantizando una vacuna y cura en poco tiempo. Ellos seguían sin caer enfermos.

Las revueltas en su contra se agudizaron, alegando que ellos tenían la culpa de la enfermedad. Entonces los nuevos vecinos de la Tierra, comenzaron a intervenir en las confrontaciones callejeras a favor de sus simpatizantes. Algunos gobiernos les dejaron participar con libertad, no solo seguían estando de acuerdo con su llegada y, sobre todo, con toda la tecnología y medicina que les habían traído, sino que les quitaban el problema de tener que aumentar el número de las fuerzas de seguridad. Mano de obra gratis, con la ventaja de que no se contagiaban por la enfermedad. Y, al poco tiempo, se llegó a un acuerdo en el que muchos gobernantes dejaron el control temporal de las naciones (mermadas por la enfermedad) en manos de esos ocupantes, los cuales llegaron a hacerse con el poder en semanas, en países como China, Canadá, Reino Unido o Francia, donde desaparecieron las revueltas en pocos días.

Diversas sociedades, en particular la masonería, extendida por todo el mundo y moviendo los hilos desde las sombras, fueron claves para se produjese la cesión de poderes. Su poder e influencia era más grande de lo que se pensaba en general, del mismo modo que también lo era su idea de resquebrajar el mundo y acabar con la sociedad y la forma de vida tal como la conocíamos. Lo consiguieron, aunque no habían pensado en la posibilidad de que ellos no fuesen los gobernantes del nuevo mundo.

Pasados un par de meses, cuando ya habían fallecido medio millón, apareció la prometida vacuna, entonces el apoyo a los nuevos gobernantes fue casi total e intentaron aferrarse al poder en los países donde ya lo tenían, y además, entrar a formar parte de otros. Ante la negativa de los gobernantes implicados en el drástico cambio, comenzó la guerra.

La humanidad estaba debilitada, todavía saliendo de la crisis vírica sufrida, sus oponentes tenían una tecnología mayor, armas químicas y de destrucción masiva. Los alienígenas comenzaron derribando edificios estratégicos en las ciudades que estaban en su contra y tenían mayor poder militar. Les favoreció el apoyo inicial de varios países que posteriormente se arrepintieron dándose cuenta del engaño sufrido, pero ya era demasiado tarde para recuperar el control.

Aunque esos seres cósmicos constituían un ejército mucho menor que la población mundial, ganaron fácilmente la contienda. No solo por la tecnología empleada, sino porque demasiada gente siguió apoyándoles, afirmando que la guerra la habían forzado los extremistas, fascistas xenófobos, la Iglesia católica y los semitas, poniéndose de parte de los agresores en la guerra contra sus propios congéneres. Se llegó a destruir casi por completo el Estado de Israel y la Ciudad del Vaticano que se habían erigido como símbolos de la resistencia. De nuevo los masones de varios países tuvieron mucho que ver en difundir ese punto de vista, aunque según terminó la guerra fueron aniquilados, la logia desapareció y los pocos supervivientes lloraron por su grave error.

Muchas personas intentaron mantenerse al margen, no tanto por cobardía, sino porque, entre la falta de información y la confianza en los gobiernos locales, les inducía a no enfrentarse a sus semejantes. De todas formas, en muchas ocasiones ni sus gobiernos podían facilitarles armas, ni podían hacer nada enfrentándose contra la tecnología extraterrestre. Es el caso de Emilio, aunque por mucho que intentara no involucrarse, no logró escapar de las armas químicas de los invasores. Salvó su vida, pero sus hijos y mujer murieron asfixiados por un gas verde que se extendió en una zona residencial de las afueras de Madrid.

A pesar de todo, hubo muchos que se resistieron y lucharon, sobre todo en los países donde se habían opuesto a su llegada, como España, además, países como EE.UU. o Rusia usaron todo su potencial armamentístico y lograron destruir varias bases y naves alienígenas. Sin embargo, no pudieron hacer frente a los ataques enemigos durante mucho tiempo y la guerra terminó en pocos meses. La Guerra de todas las Guerras finiquitó con unos 200 millones de muertos, la mayor parte humanos, independientemente de en qué bando lucharan.

Todo cambió radicalmente. En poco tiempo los no afines fueron encarcelados y, poco a poco, puestos en libertad siempre que aceptaran obediencia a sus amos. La sumisión debía completarse con un trabajo con remuneración estándar, se les concedía una casa con todo tipo de tecnología domótica y vivir en libertad… si entendemos por libertad subsistir en tu pequeño piso cuando no estás en el trabajo, sin lugares de ocio a los que acudir, si tienes restringida la salida fuera de tu vivienda, si no te reúnes con otras personas, si no te quejas del gobierno y si no recuerdas la Guerra de todas las Guerras nada más que para contar lo bueno que fue para todo el planeta y los grandes cambios que mejoraron la vida.

Desaparecieron gran cantidad de animales, pues al poco tiempo de la llegada de estos seres espaciales la mayoría empezó a comportarse de forma extraña e, incluso, muchos enloquecieron. Fueron prohibidos en el interior de las ciudades, así que actualmente apenas se ven animales domésticos y no puedes tener perros o gatos en casa, de hecho, los pocos que quedan viven en libertad en lugares específicos para ellos o en zonas abandonadas, ya que se les extermina si alguno decide adentrarse en la urbe. Los que se criaban para nuestro consumo dejaron de ser cuidados, los extraterrestres no comen carne, ni consumen leche o huevos, por lo tanto, las vacas, cerdos, gallinas y demás animales que eran esenciales para nuestra economía y alimentación, fueron desapareciendo. Los que quedan lo hacen de modo salvaje y, también, en zonas restringidas, pero pocos pudieron sobrevivir sin el cuidado del hombre y, menos, con el problema de locura que parecía afectarles tarde o temprano. También desaparecieron los granjeros al no ser necesarios. En cambio, la agricultura creció enormemente, ahora hay campos de todo tipo de cultivos en todas partes, el trabajo de agricultor es el que más se asignó a los derrotados.

La nueva tecnología hizo que dejaran de usarse los combustibles fósiles y la polución bajó en todo el orbe. Actualmente, todo funciona con electricidad, que, gracias a su tecnología, se puede transmitir por el aire sin necesidad de cables y sin importar la distancia. Se aprovechan las fuentes de energía renovables para generar dicha electricidad que ocasiona un aire más limpio, sano y respirable, sin embargo, el calentamiento global no ha descendido en gran medida. Los nuevos informes, de científicos alienígenas, señalan ahora que el calentamiento global está provocado por la propia naturaleza del planeta, sin que apenas influya la incidencia humana.

Llegados a este punto, la mayor parte de la sociedad está esclavizada, aunque no hay paro, ni guerras, sí que existen menos enfermedades y ha desaparecido gran parte de la polución… a muchos les sirve esta nueva realidad, pertenezcan a la clase que pertenezcan. Aunque no todas las clases son iguales.

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3 comentarios en «Capítulo 2: La Guerra de Todas las Guerras»

  1. Demasiado triste la nueva realidad. Sin embargo, de algún modo no veo por el momento otro modo de salvar al planeta, porque nadie quiere renunciar a sus comodidades ni a su individualismo. Aquí en México decimos que hasta que tu mamá no saca la chancla uno no obedece. Bueno, en este caso los visitantes sacaron la chancla. Y es decepcionante pensar que en una situación similar todo me dice que sería así.

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